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¿Es el EBITDA una fuente para impulsar el crecimiento?

Carlos Holmes Flórez / Nov. 26 de 2019

El EBITDA, combinado con inversión y gestión de capital de trabajo, puede apalancar su crecimiento sin elevar sus niveles de riesgo y manteniendo un control de la operación a través del flujo de caja.

Retomando la importancia del EBITDA como indicador de actividad y eficiencia de la empresa, medido en función de rentabilidad y base para la determinación del flujo de caja,  analizaremos en este artículo, la relación que tiene con el endeudamiento, actual y futuro, para consolidar el crecimiento empresarial vía la obtención de recursos externos acelerando procesos de expansión productiva, apertura de nuevos mercados y por qué no, la adquisición de competidores, práctica que en nuestro país es incipiente, dado el enfoque del común de los empresarios por el crecimiento orgánico y una baja propensión a asumir mayores riesgos empresariales mediante las fusiones y adquisiciones (M&A).

 

 

Internet de las cosas

Es ampliamente conocido que las empresas que crecen a ratas de dos dígitos tienen mayores oportunidades de sobrevivir en el entorno competitivo actual que se acelera por la incursión de las tecnologías de la información, en donde el “maching learning”, “big data” y el “internet de las cosas” irrumpen disruptivamente en la transformación de los modelos de negocios abriendo un sin número de oportunidades, aunque también dejando de presente enormes riesgos para aquellos que no se adapten rápidamente  a las nuevas realidades.

 

En el artículo anterior ilustramos cómo se determina el EBITDA y destacamos algunos aspectos de relevancia y de uso como herramienta de medición y aproximación a la valoración de compañías en marcha; aquí hablaremos de cómo  adecuados niveles de EBITDA abren la puerta para acceder a fuentes de financiamiento que faciliten el crecimiento empresarial.



Además de la rentabilidad del negocio medida a través del EBITDA es necesario tener presente que el flujo de caja (FC), de cuya salud depende la actividad empresarial, resume las actividades de capital de trabajo, activos de largo plazo, endeudamiento y relación con inversionistas, sin dejar de lado la tributación como elemento que hoy día consume importantes recursos financieros de las empresas y que es necesario planificar con responsabilidad.



A la hora de enfrentar la decisión de crecimiento con recursos propios (posiblemente más lenta) o la de adquirir recursos externos para apalancar la adquisición de activos (una nueva planta de producción, maquinaria, apertura de nuevos mercados, compra de una línea de negocio a un competidor o una fusión) y acelerar las oportunidades que ofrecen los mercados, es fundamental tener en cuenta la capacidad de endeudamiento para determinar los montos y períodos de repago, que deben ser asumidos  sin comprometer la viabilidad financiera de la empresa.

Ante todo es importante tener presente que la adquisición de activos fijos de largo plazo requiere recursos de financiamiento de largo plazo (deuda bancaria, emisión de bonos-acciones, vinculación de nuevos inversionistas), igualmente el capital de trabajo debe financiarse con operaciones de corto plazo. Si se plantea la adquisición de recursos con dicha coherencia y asociado a que las nuevas inversiones deben generar en el mediano plazo flujos de caja positivos y además agregar rentabilidad adicional, los proyectos tendrán la viabilidad de ser financiados y por ende tener éxito en los propósitos inicialmente establecidos dentro de la estrategia de crecimiento.



Hagamos un sencillo  ejemplo para aportar mayor claridad a la hora de analizar la capacidad de endeudamiento y pago de una compañía frente a la adquisición de una nueva deuda para apalancar su crecimiento:

 

 

En este ejemplo vamos a suponer que la compañía en el año 1 tiene ventas por $ 1.000 y que posee unos indicadores como se visualizan en la primera columna, arrojando al final un flujo de caja libre de $ 50. Dentro de su estrategia de crecimiento decide tomar un crédito de $ 300 a un plazo de 5 años a una tasa del 10% para la adquisición de maquinaria que le permitirá ampliar su capacidad de producción en un 100%; sin embargo, dado el montaje y puesta en marcha, supondremos que para el año 2, la compañía crecerá sus ventas en un 30% pasando de $ 1.000 a $ 1.300.

Como lo mencionábamos antes los proyectos nuevos de expansión deben tener la visión de aportar mayor rentabilidad, por ello en  el segundo año es del  15% versus 12% de año anterior. Dado que hay un mayor nivel de activos el nivel de depreciaciones aumenta por lo que el margen EBITDA pasa del 15% al 20% gracias al a eficiencia operativa representada en mayores márgenes.

Aquí es muy importante tener en cuenta que el crecimiento debe estar asociado a obtener mayores niveles de eficiencia operativa (mejora margen operativo) y no a incrementar las necesidades proporcionales de capital de trabajo, es decir que los días de cartera e inventario como mínimo se mantengan en los niveles históricos e incluso bajen, de lo contrario incrementar el nivel de ventas para tener que conceder más plazos y exigir mayor nivel de capital de trabajo es una estrategia perdedora, consumidora neta de caja. Así es como los proyectos ponen en riesgo su viabilidad. 



Volviendo al ejercicio, el proyecto de inversión, dado que incrementa la rentabilidad del negocio y para el caso particular del 2º año, la inversión se financia con crédito, no afectamos la caja de la empresa para la compra de maquinaria, por lo tanto, el flujo de caja operativo y el flujo de caja neto se incrementan de manera sustancial.



Si bien ésta es una simplificación a manera de ilustración de lo que sucede cuando tenemos clara la gestión operacional a través de un indicador como el EBITDA, combinado con inversión y gestión de capital de trabajo, podemos ver como manteniendo los indicadores claves controlados e incluso mejorándolos a través de la eficiencia, la compañía puede apalancar su crecimiento sin elevar sus niveles de riesgo y manteniendo un control de la operación a través del flujo de caja.



Ahora bien, en el momento de abordar un proyecto de expansión apalancado en endeudamiento se requieren elementos de juicio adicionales para garantizar que el crecimiento es sostenible en el tiempo y se tiene la debida capacidad para repagar las obligaciones adquiridas. De estos criterios hablaremos en otra entrega.



En nuestra próxima entrega hablaremos sobre cómo utilizar  el recurso de terceros para acelerar el crecimiento sin recurrir a endeudamiento.



Esperamos que este documento haya sido de su utilidad y lo comparta de considerarlo pertinente con otras personas.

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